Las emociones son una respuesta emocional de sensaciones agradables y desagradables que difieren en duración e intensidad y que vienen acompañadas de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influidos por la experiencia.
¿Cuántas emociones serías capaces de enumerar? Seguro que las emociones básicas (alegría, miedo, tristeza, ira y asco) descritas por Paul Ekman y poco más. Pues ahí van todas las que se han encontrado.

Las emociones tienen su función adaptativa:
El miedo evita que nos pongamos en peligro.
La ira ayuda a defendernos de un ataque y/o agresión.
La tristeza nos permite reflexionar sobre algo que nos ha conmocionado.
El asco evita que comamos algo en mal estado.
La alegría nos permite disfrutar de momentos especiales.
Actualmente nos sorprende cómo de 5 de las emociones básicas, 4 son de supervivencia y sólo una de felicidad. Esto explica que nuestro cerebro funciona en modo supervivencia tan importante en la vida de nuestros ancestros y gracias a este funcionamiento estamos ahora aquí.
Así pues, en el siglo XXI tenemos que ser muy conscientes de que nuestro cerebro funciona cómo detector constante de amenazas y para disfrutar de un bienestar emocional nos debemos esforzar en reinterpretar las situaciones como no peligrosas.
Durante la pandemia, hemos podido comprobar que el peor virus ha sido el miedo. Las emociones son más contagiosas que un virus y esto se debe a las neuronas espejo. Éstas fueron descubiertas por Giacomo Rizzolatti y explican cómo los seres humanos somos capaces de contagiarnos de las emociones para sobrevivir.
Las emociones nacen en el sistema límbico, la amígdala. Según David del Rosario es muy difícil separar los pensamientos de la emoción. Las emociones se construyen en base a la coherencia de los pensamientos y no en función de si son verdad. Se mueven por las rutas neuronales conocidas ya que el cerebro es predictivo.
A nivel terapéutico, las emociones nos traen información, es decir, un mensaje al que se debe atender. Lo tóxico de una emoción no es la negatividad, es no querer vivirla y sentirla. Al rechazarla o negarla, el cerebro activa el sistema de alarma y genera toxicidad (respuesta de estrés).
Os animo a mirar y atender vuestras emociones sin incomodaros ya que así seremos más felices.
«Una emoción no causa dolor. La resistencia o supresión de una emoción causa dolor».
Frederick Dodson

ANNA REMOLÀ NAVARRO
Psicóloga
Núm. colegiada: 10 884





